Despedida parcial

Querido lector,

En este artículo me despido de ti parcialmente.

Si te preguntas qué significa una despedida parcial, lo primero de todo es que nuestra aventura en el maravillo mundo de los Cuencos de Cuarzo Alquímicos ha llegado a su fin, al menos durante un tiempo. No es un cerrarles las puertas, sino un hasta luego.

A partir de ahora la web www.alquimiayvida.com y su blog van a desaparecer tal y como los has conocido hasta ahora. El histórico de los artículos ya publicados, más los que vendrán en el futuro, quedarán reflejados en esta nueva dirección: https://laalquimiadelavida50892850.wordpress.com/

Esta nueva dirección será únicamente un Blog.

Muchas gracias por tu interés, y deseo verte en nuestro nuevo blog.

Santiago Huerta

La diferencia entre el deseo y el anhelo

La diferencia entre el anhelo y el deseo puede parecer sutil, o que incluso no la haya, aunque es interesante matizar ambos conceptos.

El anhelo
El anhelo nace de un impulso interior. Es una realidad no manifestada aún, que nace de nuestro verdadero interior, -de nuestra alma o de nuestro Ser-, y con ello quiero decir que no es un capricho o antojo, que provienen del binomio mente-ego. (Nota: “Ser” en mayúsculas quiere decir la parte de Dios que todo ser vivo ha recibido de Él, en contraposición a “ser” en minúsculas, que es meramente el verbo “ser”).

El anhelo, al provenir de nuestro interior, perdurará en el tiempo. Puede que se manifieste de manera menos evidente, esto es, que lo sintamos de una manera menos clara o evidente si estamos muy ocupados con nuestro día a día o con los problemas a los que nos enfrentemos, aunque perdurará mucho tiempo. El motivo es que nuestro interior quiere ser eso que anhela para experimentarlo, sea lo que sea, ya que es el potencial de una realidad no manifestada aún. En cada persona el anhelo será diferente: desarrollar la capacidad de desapego, incrementar la capacidad de aceptación, iniciar un estilo de vida más saludable en forma de una mejor dieta o caminar más todos los días, cambiarse a un trabajo que colme de más dicha y felicidad, etc.

El deseo
Por otro lado, el deseo nace de la mente o del ego, que a quien de fin de cuentas no son más que un binomio que opera en tándem. Tanto monta, monta tanto, como dice el refrán. Los deseos, antojos, caprichos, etc. son de lo más volátil. Como dice el dicho “culo veo, culo quiero”. Es decir, lo que hoy puede ser importante, mañana no será más que un vago recuerdo de algo que un día nos apeteció, o incluso mañana fácilmente podríamos no recordarlo. De este modo, si pudiéramos llevar un contador del número de antojos o deseos que tenemos, digamos en el plazo de un año, el número sería tan elevado que nos quedaríamos de lo más sorprendido, yo el primero.

La diferencia entre el anhelo y el deseo
Ya hemos explicado la primera y fundamental diferencia entre el anhelo y el deseo, que radica en su naturaleza. El anhelo nace del interior, y el deseo desde nuestra mente o ego.

La segunda diferencia radica en qué impulso, qué consecuencia o acción nos hará tomar cada uno de ellos. En mi experiencia, muchas personas confunden algo fundamental cuando aprenden la diferencia entre ser-hacer-tener. Para realmente ser algo, es decir, convertirte en ese algo de modo que sea algo permanente en vez de algo temporal o pasajero, hay que ser algo. Es decir, para ser salud primero tendré que albergar únicamente pensamientos de que soy salud. Si tengo dudas al respecto, o, peor aún, si creo que tengo enfermedades, difícilmente podré realmente manifestar que yo soy salud.

Esta situación suele quedar clara. En mi experiencia, hay un tanto por ciento relevante de personas, que cuando oyen o leen lo de ser algo, se autoconvencen, por el motivo que sea, de que con ser algo ya es suficiente. Salvo cuatro personas de lo más avanzado que son capaces de cocrear de una manera descomunal, al resto nos toca tomar la acción.

Es decir, primero me convertiré en aquello que quiero ser, y, una vez lo haya conseguido, entonces tomaré el camino, la acción que considere me ayudaré más a manifestar aquello que quiero ser. Esto último es más laborioso que sentarse mirando por la ventana siendo aquello que queremos ser, aunque al 99,9999% de la población no nos queda otra que tomar las riendas de nuestra vida e ir a a por ello tomando las mejores acciones y decisiones de las que seamos capaces. Y, entonces, alcanzaremos ser lo que queremos ser.

El anhelo, a no ser que decidamos machacarlo, es cuestión de tiempo el que nos haga tomar esa senda, esto es, es cuestión de tiempo el que nos haga tomar la acción para finalmente ser esa experiencia. Por el contrario, el deseo o antojo nos hará pensar que ser, tener o hacer ese deseo o antojo nos haría felices, aunque en muy pocas ocasiones pasaremos a la acción. Es decir, nos mantendremos únicamente en el pensamiento, o, en otras ocasiones, soñando despiertos sin hacer nada más.

Conclusión
En definitiva, es mucho más interesante y gratificante para la calidad de nuestras vidas estar atentos y conscientes sobre cuáles son nuestros anhelos, y separar el grano de la paja, esto es, diferenciar claramente qué es un anhelo de un deseo. Nuestra vida mejorará en dicha y felicidad por dos motivos: el primero, porque estaremos escuchando a nuestro interior y, por otro lado, porque confiar en nuestro anhelo nos hará tomar la ruta que nos lleva a manifestarlo.

Querido lector, esto es todo por hoy. Deseo que te haya gustado esta reflexión de hoy.

Para cualquier duda o cuestión que puedas tener, puedes contactar con nosotros bien por correo info@alquimiayvida.com o por móvil (+34-655-899669).

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Namaste,

Santiago Huerta

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