¿La Fe mueve montañas?

A menudo oímos la expresión de que la Fe mueve montañas, por lo que podríamos preguntarnos cómo de literal es esta afirmación tan conocida.

Como podrás podido comprobar a lo largo de este blog, soy un cinéfilo. Me encantan las buenas películas y, sobre todo, las que para mí son grandes escenas. De niño me encantó ver en el cine, como era habitual, las películas de Indiana Jones. En la tercera parte de la trilogía (la cuarta película, como si no existiera), Indiana Jones y la Ultima Cruzada, el protagonista tiene que afrontar una prueba de Fe. El lo sabe perfectamente, aunque también es consciente de que él no la tiene, por lo que la forma en la que los guionistas resolvieron esta tesitura, a través del denominado Salto de Fe, siempre me pareció de lo más ingeniosa. Puedes ver la escena en cuestión clicando aquí.  

Todo esto viene a colación de que me he acordado de un cuento hebreo, cuyo resumen sería algo así: había una enorme piedra que bloqueaba totalmente el camino, no habiendo otra manera de avanzar. Cuando estaban muy deprimidos, Dios les dijo: “La Fe mueve montañas”. Llamaron al hombre más religioso, -lo cual para nada quiere decir que tuviera Fe-, y a pesar de que rezó y rezó, no consiguió mover la piedra. Tras rezar múltiples personas, ya fuera en grupo o una detrás de otra, la enorme piedra seguía sin moverse un ápice.

Viendo que la religión no les iba a permitir avanzar y que estaban bloqueados sin remdio, varios hombres, aunque no muy fuertes, intentaron mover la piedra con sus músculos. Al cabo de un tiempo, siguieron sin poder mover la piedra, aunque su esfuerzo había esculpido sus cuerpos de una manera prodigiosa. Lo que en un principio era carne fofa, se había convertido en un conjunto de músculos fuertes y bien definidos por todo su cuerpo.

Habiendo pasado más tiempo aún, el ánimo y la confianza empezaron a decaer en el grupo, hasta que uno de ellos, frustrado a más no poder, mirando al cielo, exclamó: “¿pero la Fe no movía montañas?” Y entonces, Dios, suavemente respondió, “yo sólo os pedí que tuvierais Fe, nada más. De mover la enorme piedra me encargo yo”.

La moraleja de este cuento tan antiguo es que la vida es un misterio. No podemos esperar conocer o entender todo. Es imposible, puesto que la vida es un misterio en sí misma. Lo que sí se nos pide es que tengamos Fe. Pero tener Fe no es lo que muchos piensan, es decir, creer que con tener fe y no hacer nada de nada es suficiente. Vamos, sentarse a la bartola, eso sí, teniendo mucha fe.

Cuando dedicas tiempo, atención y energía a algo, y lo haces con Fe, nunca sabes realmente cómo ha sido posible, o si realmente lo has hecho tú, aunque al final consigues lo que te habías planteado.

 

Querido lector, deseo que te haya gustado esta reflexión de hoy.

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Namaste,

Santiago Huerta

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