La Soledad

La soledad es un estado muy recurrente en la sociedad actual. Podríamos concluir que hay 2 tipos de soledad: la soledad interior, y la soledad física.

Los dos tipos de soledad

La soledad interior es la más se experimenta en el planeta, y es aquella soledad que nace no de estar físicamente solos, sino interiormente solos. Es decir, podemos estar rodeados de multitud de personas y aun así sentirnos solos, como de hecho se sienten así, ahora mismo, millones y millones de personas a lo largo y ancho del planeta.

Al contrario, la soledad física se produce cuando una persona no tiene a nadie o casi nadie a su alrededor. Muy frecuentemente se puede observar en aquellos que únicamente tienen personas a su alrededor en una sola esfera de su vida, como pueda ser el trabajo, y luego estén completamente solos.

Si nos detenemos por un momento y nos planteamos por qué existe la soledad interior, o, todavía más importante, por qué se da con tanta frecuencia, la conclusión es muy sencilla. La soledad interior nace de nuestro interior, es nuestro interior el que nos está transmitiendo que no le estamos prestando atención, tiempo, energía o comprensión. Esto es muy habitual en la sociedad actual en prácticamente todos los países del mundo, donde se está mucho más volcado en todo lo exterior, y nada, o prácticamente nada, en lo interior.

Por qué nos sentimos solos

Estoy convencido de que la respuesta es tan sencilla que casi nadie se la ha planteado siquiera. Si no me dedico tiempo a mí mismo a averiguar quién soy yo, cuáles son mis virtudes y mis puntos menos fuertes, qué me da miedo y por qué, qué me hace feliz y lo que no, etc., ¿cómo no voy a sentirme solo? ¡La mayoría estamos alienados de nosotros mismos!

Si nos preguntamos cuál es la reacción más habitual en la sociedad actual, es muy simple. La gran mayoría opta por escapar de sí mismos y tapar sus carencias, en este caso su soledad, con prisiones de fabricación propia, como podrás leer en nuestro post anterior. La situación contraria es de lo más habitual, ya que muy pocas personas se atreven a mirar de cara a su soledad, y dedicar tiempo y energía a superarla.

La vida es un continuo, un continuo proceso de búsqueda-encuentro, y una vuelta a empezar. Es decir, si me planteo por qué tengo miedo a algo, muy probablemente, cuando encuentre la respuesta, deba plantearme por qué eso que me da miedo es así, por lo que volveré a indagar, a realizar una autoexploración de lo que me da miedo y lo que no, y por qué. Este es el proceso de buscar-encontrar-buscar-encontrar, y así sucesivamente, que acabamos de mencionar.

Este es un camino de exploración, de autoconocimiento, que lleva toda una vida. Y sí, es largo, y con frecuencia nos puede hacer sentir frustrados de lo lento que avanzamos o todo lo que nos falta por conquistar en nuestro interior, aunque no hay otra vía. No queda otra si queremos ser felices en nuestro interior.

También podríamos hablar de esa soledad que se produce tras la ausencia, muerte o pérdida de alguien o algo querido en nuestra vida, aunque esta soledad, lleve más o menos tiempo en cicatrizar, suele ser algo temporal, mientras que las soledades descritas en este artículo son, por lo general, permanentes.

Esto no quiere decir que la ausencia de algo o alguien en nuestra vida sea menos importante o que requiera de menos atención por nuestra parte. Al tener una causa diferente, su superación muy probablemente requerirá de un enfoque diferente. Y, muy probablemente, el tiempo de curación, o superación si así lo prefieres, sea un proceso duro.

Esa ha sido mi reciente experiencia con uno de mis perros, a quien una enfermedad estaba devorando por dentro hasta que lo pusimos a dormir permanentemente para que no sufriera más.

Fue un proceso duro que sabía tomaría 3 fases. La primera, tomar la decisión de dormirlo. Aun sabiendo que era lo mejor para él, no fue nada fácil de tomar. La segunda fase fue ver su cuerpo inerte en la mesa del veterinario, lo cual fue muy duro. Por último, lo que denominé la fase 3, fue el conducir a casa con el otro perro, para finalmente llegar a casa y sentir la casa vacía. Aun sabiendo lo que iba a pasar, no por ello fue menos duro.

Es curioso cómo nos engaña la mente, a mí el primero. Antes de la enfermedad de mi perro, cuando estaba solo en casa sin los perros, porque a mi madre le encantaba tenerlos con ella unos días, físicamente estaba solo, aunque no me sentía así. Sin embargo, tras dormir a mi perro, estábamos en casa mi otro perro y yo, y ambos sentíamos un vacío y una soledad muy importantes.

Es decir, puedes estar físicamente solo, pero sentirte bien porque sabes que tus seres queridos están donde fuere, y, sin embargo, puedes estar con una parte de tus seres queridos en tu casa y sentirte solo o vacío porque sabes que alguno de ellos ya no va a volver más.

En mi experiencia personal con mi perro, la cual es reciente, ha sido un proceso duro derivado de la tristeza provocada por la pérdida, aunque agradecido estoy de estar cada día mejor. Esto no quita para que de vez en cuando, si me viene un recuerdo de mi perro, no sienta de manera puntual tristeza por su ausencia. Fue un perro muy amado, nos correspondió con su amor incondicional, y, sobre todo, nos hizo reír muchísimo porque era un animal muy gracioso y simpático.

Querido lector, deseo que te haya gustado esta reflexión de hoy.

 

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Santiago Huerta

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1 comentario en “La Soledad”

  1. Estamos viviendo un momento, que ni esta generación, ni la de nuestros padres o abuelos han vivido, perdido el contacto con la naturaleza, con otros seres humanos, incluidos nuestras propias familias, con una total desconexion y desconocimiento, cuerpo-mente-espíritu-alma.
    El día que consigamos la armonía, la soledad desaparecerá.

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