Somos Energía

Somos Energía es una frase que se repite con cierta frecuencia. En un post anterior ya comentamos que, si sumáramos la energía creada por todas las sinopsis de nuestro cerebro, el valor de esta energía a precios actuales de mercado sería tal, que entre 5 personas superaríamos el PIB anual de España. Y, aunque pudiera parecer una exageración, no lo es en absoluto.

Nuestra capacidad de detectar la energía
Según los estudios más recientes, nuestros sentidos, esto es, el olfato, la vista, el oído, el gusto y el tacto, como mucho son capaces de discernir el 0,05% de toda la realidad. El motivo es que nuestro cerebro interpreta la realidad en función de la capacidad de discernimiento de nuestros sentidos, los cuales son muy limitados. Todo es energía, y nosotros también somos energía. Nada sucede inmediatamente, sino que se produce un proceso de localización, de escáner si lo prefieres, de análisis y envío de información a nuestro cerebro para que éste pueda interpretar la realidad que tan limitadamente percibimos a través de nuestros sentidos.

De este modo, cuando tomamos un plato de sopa, por poner un ejemplo, nuestras papilas gustativas ubicadas en la lengua codifican ese sabor, el cual es una frecuencia de energía. Es decir, el sabor como tal no existe, sino que es un nivel de vibración o energía que en función de cómo resuene con mi nivel de vibración o energía mi cerebro lo interpretará como bueno o malo, agradable o desagradable. Una vez mis papilas gustativas han escaneado ese alimento a través de su análisis de vibración, éstas envían la información al cerebro.

Dicho de otro modo, todo lo que percibimos funciona como una radio. Una radio no es nada más que un escáner de vibración. En función de cómo movemos el dial, vamos avanzando en los canales de AM o de FM, hasta que obtenemos la señal de una emisora de radio. Nuestra radio codifica la señal recibida, y nos la transmite como la voz del presentador de ese programa de radio, o como nuestra canción favorita. Como nuestros sentidos son tan limitados, apenas tenemos capacidad de activar el escáner y observar la realidad. De hecho, aunque seamos más inteligentes que la mayoría de las especies animales, dado que sus sentidos están muchísimo más agudizados, su percepción de la realidad es muy superior a la nuestra, sobre todo por la capacidad media del oído y olfato del reino animal.

Por tanto, la inteligencia no lo es todo para entender la realidad. Por ejemplo, en zonas con seísmos frecuentes, los humanos observan cómo responden los animales a través de siglos de observación. Son los animales los que son capaces de sentir e incluso anticiparse a un terremoto, aunque la raza humana es incapaz de hacerlo. Y así, con muchas otras situaciones.

Por qué estamos tan limitados a la hora de entender la realidad
Esta conclusión sobre nuestra nula capacidad de percibir la realidad es de lo más relevante, ya que lo que para nosotros conforma la realidad, para nada lo es, y por dos motivos. En primer lugar, nuestras creencias nos harán ver la realidad, esto es, lo que ha sucedido, de una manera u otra. De este modo, si se me cae un plato y se rompe, según cuál sea mi creencia sobre la vida, o sobre mí mismo, pensaré que soy un torpe vs que no pasa nada, que la vida es un asco vs que la vida te trae sorpresas, etc.

Es decir, interpretaré la realidad desde mi subjetividad, en función de cuáles sean mis creencias, las cuales vienen determinadas por mis experiencias, únicas e irrepetibles, del pasado. Por ejemplo, si en el pasado mis padres me dijeron que era un torpe por haber roto un plato y me lo creí, cada vez que se me rompa un objeto volveré a sentirme torpe, cuando lo único que ha sucedido realmente es que se ha roto un plato. Todo lo demás es subjetivo, inventado.

La segunda manera en la que interpretamos la realidad es desde las limitaciones de nuestros sentidos. Esto nos lleva a otro tipo de subjetividad desde la cual creamos nuestra percepción de lo que es real y lo que no. ¿Cómo podemos pensar que conocemos la realidad, cuando únicamente somos capaces de detectar un 0,05% de la realidad?

Conclusión
En resumen, somos energía, todo es energía, aunque nuestra capacidad de identificar la realidad es de lo más reducida, dadas las grandes limitaciones de nuestros sentidos. Si únicamente somos capaces de discernir el 0,05% de la realidad, esto es, el 0,05% de las frecuencias de vibración existentes, no podemos creer que conocemos lo que la realidad es, o la vida si lo prefieres. Es como pretender entender el universo en su conjunto, y como única forma de análisis tuviéramos la minúscula cerradura de una puerta a través de la cual observar la enorme inmensidad que nos rodea.

Esto nos lleva inexorablemente a un gran sentido de la humildad, dado que no hace ser un genio para darse cuenta de que no tenemos ni idea de lo que realmente sucede, o por qué. El único camino es elevar nuestra consciencia, puesto que cuanto más la elevemos, tanto así lo hará nuestra percepción de la realidad. A mayor nivel de consciencia, mayor es nuestra perspectiva, y cuanto mayor sea ésta, mayor y mejor será nuestra percepción. Es por este motivo que los grandes maestros son los que mejor han transmitido, y en mayor profundidad, en qué consiste realmente la realidad y cómo dominar el juego de lo que llamamos la vida.

Mediante nuestros sentidos no conoceremos realmente la realidad, mediante nuestra inteligencia tampoco llegaremos a conocerla realmente. Sólo mediante un profundo y sincero trabajo interior conseguiremos elevar nuestra consciencia, y con ella nuestro discernimiento de lo que es real de lo que no lo es, lo objetivo de lo subjetivo.

Deseo que te haya gustado esta reflexión de hoy.

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Santiago Huerta

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